El martes pasado me registré en línea para la convención de origami de Nueva York, programada para final de junio próximo.
Cuando vivía en Nueva York me era facilísimo tomar la decisión de asistir a toda la convención sin mayores reparos de presupuesto. Desde que vivo a más de 300 kilómetros de la ciudad, al costo de la convención he tenido que añadirle el del alojamiento y el del transporte. He cortado ciertas esquinillas pero nunca me la he querido perder. Esa convención es un momento muy esperado y disfrutado en mi año. Es la convención más cercana que tengo. Me atrae tanto como una panadería donde huele a pan caliente.
No veo la hora de llegar y percibir ese dulce aroma del papel plegado.




