Es una pena que la palabra ‘gallina’ se use peyorativamente para describir a una persona cobarde y falta de valor. A mí me cautiva el simbolismo de las gallinas y de los huevos. Primero que todo porque son una alusión a la fuerza femenina y al principio de la vida. Me hacen reflexionar sobre el ciclo al que estamos sujetas las mujeres y a los vaivenes físicos y emocionales alrededor de la puesta del óvulo mensual que tanto determina nuestra existencia.
Segundo, porque son símbolos de mi niñez. Me traen recuerdos de Mamá Ana, mi abuela paterna, y de las calurosas visitas a la plaza de mercado que me tocaba aguantar con ella. Mamá Ana regateaba por horas con los vendedores para alzarse con la más barata docena de huevos campesinos (como se llamaba en ese tiempo a los huevos que hoy llaman ‘orgánicos’). Mientras tanto, yo arrastraba los pies tras sus enaguas, sin sombrero, ni sombrilla, ni distracción alguna contra los implacables rayos del sol tropical.
Mamá Ana nunca supo que los antibióticos y pesticidas ingeridos por las gallinas de producción a gran escala podrían ser nocivos para su salud. Ni le habría importado. Tampoco le hubiese dado importancia al hecho de que millones de gallinas pasan la totalidad de sus tristes vidas hacinadas en jaulas. Lo que sí sabía, no por haberlo leído en revistas dominicales sino porque se lo susurraba su sabio vientre campesino, era que el sabor más robusto de aquellos codiciados huevos provenían de gallinas que vagabundeaban entre los matorrales de las lomas colombianas, llenándose los buches de sustanciosas semillas y de lombrices suculentas.
De esa combinación de huevos, gallinas y abuela nació mi libro El sancocho del sábado. De ahí también nació mi gana de coleccionar gallinas que no sean más grandes que un aguacate y que ojalá evoquen o incluyan de alguna manera al huevo.
Ayer tuve la gran sorpresa de recibir por correo un móvil de gallina que desde Nueva York me envió mi amiga Jeannie. Llegó a tiempo para aliviar mis tormentas existenciales del final del ciclo mensual y mis impulsos de huir de todo ¡como la proverbial gallina!
Hoy han cesado esas tormentas y ha llegado de nuevo la calma para seguirle dando abrigo a los juegos creativos a ver qué sale del cascarón.






Pase a Saludarte y a conocer un poco mas de ti, me llamo la atencion al igual que a ti el nombre, y me dio gusto, pero la sorpresa fue mayor al entrar a tus casas, tienen una belleza que me habla inmediatamente de ti..
respondiendo a ti pregunta soy de Texas, Mission… cerca de la frontera con mexico..
Gillian, si a ese nombre te refieres.. del Blog, es mi segundo Nombre.
te dejo mis saludos y un beso, creeme que por aqui voy a estar seguido, interesada en lo que escribes.. que me ha encantado…
Espero que del cascaron salgan muchas cosas buenas..
Es tan curioso como un objeto, a veces pequeño y otras no, Nos hace traer a nuestra memoria bellos recuerdos, olores y hasta personas.. Y nos damos cuenta que estamos Vivos.
Besos
[Leyla Hernández]
Leyla Gillian,
Sí, me había quedado con curiosidad de dónde venía el nombre de tu Blog. Gillian es tu segundo nombre! Yo también tengo un segundo y un tercer nombre: Leyla Luz Angela (y en algún momento de mi vida me han llamado por uno o por otro, pero de adulta sólo he usado el primero)
Me encanta que hayas venido por aquí. Por ser tocayas y por el azar de la vida nos hemos conocido, ojalá que por eso y por mucho más sigamos tocando a nuestras respectivas puertas.
Leyla L. T.
Veras que Así sera.
Sabes leyla..(que curioso escribirlo, verdad!!!)
Fue todo Un reto poder quitarle todo el chocolate de encima… tuve que meterla a la tina y bañarla de pies a cabeza, con todo y asiento de carro…jejeje
eso fue hace un hace un par de hrs y en este momento duerme como una santa paloma..
Besos para ti, y que tengas muy buen fin de semana!!!!
“De las gallinas y de los huevos”…me hiciste recordar que en alguna oportunidad me regalaron un pollito, en una sorpresa de cumpleaños; mi mamá, por fortuna, me permitío tenerlo en el apartamento donde vivíamos con la condición, que al llegar del colegio lo sacara al parque, le diera su comida y ayudara a limpiar el cuarto de mi famoso pollo, que por cierto lo llamé “Toribio”, pero nunca supe si fue un gallo o una gallina. “Toribio” creció, creo que me consideró su mamá y ya se estaba volviendo adulto, cuando un buen día mi mamá me djo que lo había llevado donde mi Tia Ro porque tan grande que estaba iba a necesitar más espacio… al final de todo nunca supe realmente el final de Toribio, no se si fue a donde la Tía Ro o si terminó en una finca del Tío Abuelo Clodomiro en Rionegro. Lo que si sé… es que a Toribio lo quise mucho, me dediqué mucho a mi pollo y de corazón me dolió tanto separarme de él, que todavía lo recuerdo, fue un animal muy inteligente y amoroso, se crió en un apartmento !!!!!
Hola Cos,
Gracias por contarnos la historia de Toribio. Sí que ese nombre me suena, pero no recuerdo con presición si algún Toribio fue a parar a la casa de Ro. Tal vez tu mamá ahora, después de tanto tiempo, te dijera qué pasó en realidad con Toribio. Quizás, si tuvo la mejor de las suertes, resultó ser una Toribia que puso muchos huevos y llegó a vieja y conoció a sus hijos y a sus nietos. Quizás haya en el mundo por ahí picoteando muchos de sus descendientes. De pronto uno de esos lo reciba una de tus hijas, Isabela o Antonia, como sorpresa en alguna piñata infantil y entonces podrás tú decidir cómo quieres que continúe la historia.
Leylita: EStoy aprendiendo a no tener nostalgia por el pasado, sino a querer ese pasado como lección y alegría. Yo no recuerdo cómo es un toribío, pero me encantará conocerlo “en persona”, o mejor recordarlo.
Aquí frente a mi consultorio, en un helecho hacen nido son los copetones, dan la cría y se van. Lo mas lindo es que yo cuido a los padres. Les doy todos los días alpiste y agua. Cuando olvido hacerlo, los padres copetones lloran en mi ventana. INmediatamente yo salgo y los atiendo con sus alimentos y al rato ellos me cantan dando las gracias. !Eso y luego ver a los niños pichones que se crían y salen del nido a buscar mundo y a repetir la historia de los padres es mi la mejor recompensa. !Qué viva la naturaleza! !que vivan los pajaritos! !qué vivan los toribios!
Rosalba
Hola Leylita, ustedes no lo saben pero yo tambien tuve una gallina que se llamaba Diana, mi papá me la compro en La Mesa, un pueblito muy lindo donde nació mi mamá, era de color amarillo y las plumitas de las alas eran blancas, con el pasar del tiempo Diana creció y era muy temperamental, cuando llegaba del colegio picoteaba la puerta que comunica al patio para que le sirvieramos la comida y el agua, en las tardes jugabamos con ella en el parque (actuaba como un perrito), ella era parte de la familia, pero un dia Diana como estaba tan gorda no pudo poner un huevo, llamamos al veterinario y nos dijo que ella se encontraba ahogada y no habia nada que hacer. Murió mi gallina y nos dejó una gran tristeza. Hoy dia aún guardo una pluma de recuerdo.
hola querida primita me alegra tanto recibir parte de lo que haces y adelantas. Uno se mete tanto en medio del mundanal ruido que hasta se olvida del huevo, del pollito y del huevo y bueno y del gallo que? ( no es machismo) es que son tambien los componentes de una familia. Uno a diario ve, negocios, carros, edificios, un bosque lleno de cemento etc. pero hoy me volviste a la realidad, si claro que bello tener cerca un pollito tal vez algun dia crezca(gallo o gallina) es su ternura, su delicadeza,su pio, pio, su mirada indiferente, aceptando el que lo abriguen, lo apapachen, o tal vez le permitan deambular por ahi, pero a el, que caray poco o nada le importa vive el momento y punto. Si ,bellos los animalitos DIOS nos da la oportunidad de hacer lectura de todo lo que sucede en la naturaleza y hasta se nos olvido leer, que pesar. Primita preciosa gracias por invitarme de alguna manera a recordar ese Puente Nacional, las fincas, los prados ,los potreros, las montañas, los amaneceres campesinos etc etc uyyyy para donde me fui ? ? ? un besito especial para ti…